“Diciendo la verdad en Turkía.

El Tribunal Mundial sobre Irak”*

 

John Ross** 

 

 

 

ESTAMBUL, Julio 23,  “La memoria debe mantenerse y, por definición, los perpetradores, lejos de mantener los registros, intentaran destruirlos” John Berger advertía desde París al inicio de esta guerra cruel: “hay una urgencia de mantener los registros, de recordar, de reunir la evidencia, para que las acusaciones puedan ser inolvidables.”

 

Fue con la advertencia de Berger en mente, que fue convocado el Tribunal sobre Irak en el fin de semana del 26 al 28 de junio, aquí en los inmaculados y suaves campos del palacio Topkapi.

 

“Pero todos sabemos que Bush y Blair son culpables de genocidio contra el pueblo irakí ¿Para que necesitamos tener este tribunal?” Le pregunté a mi colega turko Tolga Temuge enseguida después de que bajo el telón del Tribunal. Tolga tenía el look de Elvis Presley que combinaba con patillas cuando nos juntamos en Bagdad hace dos años para parar la guerra de Bush pero odiaba la política a lo Presley, así que se cortó el cabello.

 

Tolga es más viejo hoy y quizás más sabio pero está aún lleno de entusiasmo por la lucha, un fuego en el vientre que lo conduce día a día por un mundo donde Icaro demasiado a menudo sale quemado.  En los meses anteriores, se lanzó en la construcción del  TMI y ahora es una realidad.

 

“Hicimos esto por el mundo, pero todavía más por Turkía. Cada uno en Turkía odia esta guerra y hemos hecho todo lo posible por pararla. Necesitábamos encontrar un nuevo foro para mostrar la responsabilidad de Bush y Blair, así que hicimos el Tribunal” respondió el compañero de 38 años ex activista de Greenpeace, interrumpiendo el camino abruptamente con señas y palabrotas que implican que sus madres fornicaron con burros.

 

“¿Pero no crees que el Tribunal es como una corte canguro?,  quiero decir que nunca pondremos a Bush y a Blair en el banquillo a escuchar sus cargos.”

 

“Escucha, la gente necesita tener esta corte. Ellos ya no creen en el sistema de justicia, y pasa así en todas partes. Tenemos que encontrar una nueva forma de hacer justicia. El tribunal es un acto de justicia”

 

Viajábamos en automóvil hacia el este, fuera de Iznik, después de pasar unos pocos días acompañando la lucha de trabajadores petroquímicos y campesinos luchando contra una mina de oro. Tolga señaló la ciudad que bordeábamos, una moderna urbe agrícola, allí estaba el lugar de la prisión donde el poeta turko y comunista Nazim Hikmet estuvo preso por décadas  y cuyos poemas  recuerdan los  himnos nacionales de los prisioneros políticos en todas partes “lo que le pasó a Nazim Hikmet es el tipo de justicia que reechazamos”.

 

Hace treinta mese Tolga y yo viajamos a Bagdad para interponer nuestros cuerpos entre las bombas de Bush y el pueblo iraki, aunque Tolga siempre decía que él sólo fue para traerme de regreso con vida. Él era el coordinador del apoyo turko al Proyecto de los Escudos Humanos en Bagdad, Tolga organizó convoys de camaradas en dos autobuses dobles londinenses que fueron de Estambul a la frontera Syria, recorriendo medio país. Después de un viaje complicado, los Escudos reñían por tocar en la banda, pocos tenían la experiencia bajo sus cinturones  de acciones políticas  reales, pero habían reaccionado con agallas para intentar impedir la guerra. En Aleppo, Tolga, un intrepido campista que había escalado montañas y navegado mares prohibidos antes de disgustarse con las intenciones corporativas internacionales de Greenpeace, puso sus manos a disposición de los Escudos Humanos y recorrió Syria, cruzando la frontera iraki a pie.

 

Nos enganchamos en Bagdad en las semanas previas al comienzo del bombardeo, dando la batalla para organizar la logística de la presencia de los Escudos en seis sitios de infraestructura civil que fueron arrasados por el primer Bush, y nosotros nos instalamos en la refinería de Daura en el oeste de la ciudad, así que pudimos platicar con los trabajadores acerca de como era pernicioso el petróleo para la paz y la justicia en el mundo.

 

Pero en la agenda inmediata, este no era el momento correcto. Fuimos deportados juntos por los hombres de Saddam en los momentos de más aguda confrontación.  Las aventuras fortalecieron los lazos entre nosotros y aunque Tolga es renuente para dar a los Escudos Humanos su valor real, concede al menos que ninguno de los seis sitios de infraestructura en que se situaron los Escudos fue tocado por la invasión yanki: Daura, dos plantas de generación eléctrica, y las bodegas de grano de Taji.

 

En mi reciente odisea de Edimburgo a Estambul y más allá, hice un esfuerzo  de buscar a los ex-Escudos. Tenía curiosidad de saber donde habían ido después de Bagdad. A lo largo de los meses, he estado en contacto con los Escudos norteamericanos, con algunos íntimimamente, y se como cambió sus vidas el ir a Bagdad.

 

Annette Lamont en Edimburgo tenía tanta chispa como la última vez que la ví en Irak, ella ha regresado a Taji unos pocos meses después para contar los muertos.  Pero su enojo con Blair y los nuevos laboristas la sacó del partido (ella trabajaba en el parlamento escocés para  los laboristas) y ahora está organizando a los sin casa. Ya no lee el Guardian,  que le parece, dice en un susurro, “basura” por su visión caritativa y torcida de Blair.

 

Ya en Londres, Marcus Relton, nuestro relator documental del viaje a Bagdad,  de hablar suave, todavía lee el Guardian al mismo tiempo que refunfuña sobre la cobertura de Irak de ese periódico. Marcus llegó con los Escudos británicos. Uzma Bashir, que camino afuera del Hotel Palestina con una pancarta en la que se leía “Asesinos de bebes” el día en que los marines tomaron Barrio Paraíso, tiene su propio bebé ahora  y vive en Leeds. Algunos han encontrado a Dios, Joe Lett,  el conductor del autobus, es uno de los que volvio a nacer. Ken Nichols,  se siente culpable, fue marine en la Tormenta del Desierto de los que encabezaron las acciones, fue expulsado de Gaza después de llamar a decenas de miles de Escudos Humanos a  marchar a Palestina (sólo Ken y su Sancho Panza, Cristaan, se reportaron inmediatamente),

 

En Barcelona, Mikki y  Dany  y el resto de los compas  están todavía motivados por la acción en Bagdad. Hemos pasado largas comidas, vaciando botella tras botella de buen Rioja, remembrando acerca de Sadamm y los buenos viejos días. Ahora los catalanes van a embarcarse otra vez, primero al Sahara y luego a través del mundo, para llevar solidaridad a palestinos y sudafricanos, aborígenes australianos, bolivianos, piqueteros y zapatistas. Cataluña sigue en pie.

 

Los camaradas turkos se sentían  como en casa cuando comenzaron los bombardeos. Algunos tomaron postura inmediatamente, regresando a la izquierda armada a la que habían pertenecido. Otros se adhirieron a la lucha kurda de liberación usando los jeans de los prisioneros políticos  que prolongaron hasta la muerte su huelga de hambre y cuya ropa era considerada sagrada. Otros se quedaron en el movimiento de masas, trabajando día a día en asuntos culturales y políticos, mientras el crímen contra el vecino Irak crecía día a día. Para ellos la convocatoria al Tribunal Mundial sobre Irak en Junio 26-28 en su capital, era una bendición.

 

La sesión de Estambul del Tribunal Mundial era el resumen, tomando en cuenta la evidencia que se había acumulado en otras sesiones en Europa y Estados Unidos, comenzando en Bruselas en junio del 2003. Tribunales independientes habían sesionado en Japón y Korea del Sur. Cada uno de los tribunales había sido organizado en el espíritu y con el formato del Tribunal de Sir Bertrand Russel sobre las atrocidades en Vietnam, y cinco mujeres turkas activistas, tres de ellas llamadas Ayse, habían instrumentado  y organizado la sesión final en Estambul.

 

Un jurado de todas las estrellas  había sido convocado para recibir la evidencia, al frente la escritora india Arundhati Roy ("porfavor no cámaras, esto no es un culto a la personalidad”).  Barbara Olshansky que está llevando los casos de Guantánamo para el Center for Constitutional Law,  y Eve ("Los monólogos de la vagina") Ensler.  Y también un presidium  con  luminarias de los derechos humanos de Turkia y Malasia, Sudáfrica, e Israel.  La lista incluía a representantes de las Madres de la Plaza Mayo  de Argentina, e incluso a mi viejo compa Miguel Angel de los Santos, abogado de los zapatistas.  Pero no todos los miembros del Jurado eran abogados, uno de ellos inscribió en la lista su profesión como minero.

 

Incluso los abogados que recogiendo los testimonios eran reconocidos, como el profesor Richard Falk, un experto en derecho internacional de la UC-Santa Barbara,  Denis Haliday  y el General Hans Von Sponeck, con experiencia en las Naciones Unidas, académicos con larga trayectoria (demasiado numerosos para mencionarlos a todos), activistas antiglobalización  (Walden Bello siempre brilla en esos foros), periodistas (Dahr Jamail y Omer Madra,  la Amy Goodman de Turkia), pero lo más significativo eran los testigos, algunos tan impresionados por lo que habían  visto que no encontraban las palabras para describir el horror.  Algunos, como Nanmi Mufi  se rehusaron a testificar en inglés,  aunque alguna vez coordino Occupation Watch  con Global Exchange, sólo utilizó este idioma para exclamar en un grito-plegaria “¿pueden ayudarnos a poner fin a esta locura?”

 

La verdad fue dicha a lo largo de tres días en el  melancólico auditorio del Museo Nacional de Antropología, un antiguo edificio construido en el camino desde el turístico palacio Topkapi. Estambul y particularmente Topkapi eran intrigantes geografías desde el escenario de la sesión  final del Tribunal Internacional. Dos imperios, el Bizantino y el Otomano habían florecido y caído allí. Hoy, otro imperio se tambaleaba al borde del abismo.

 

Como yo  escribí en un poema que acompaña este texto, el Tribunal Mundial sobre Irak  era como sumergirse en un agujero negro por tres días. Al principio la oscuridad parecía impenetrable pero gradualmente las formas horripilantes se hacían visibles enmedio de la penumbra y la llovizna, una suerte de Abu Graib de la mente. El aire era denso con el peso de los 128 mil cuerpos irakís  presionando  sobre nosotros tan cerca que a veces era difícil respirar.

 

Pelotones de muertos tomaban el podium para decir los nombres de los irakis asedinados en los “checkpoints” y en sus propias casas, los nombres y números de todos aquellos que habían desaparecido de las prisiones  y de los que nunca más se había escuchado. Las partes de los  cuerpos sangrantes   de aquellos que los yankis habían hecho explotar y de los suicidas con bombas hablaban como elocuentes testigos. La tortura describía su agonía con exquisito detalle.

 

La sociedad civil vino para ofrecer  testimonio del daño colateral. 50 mil toneladas de uranio depletado fueron dejadas caer en Irak y Afganistan por el  terror de Bush y una horrenda carga cayó sobre los niños. “Al final lo que más cuenta es el dolor de los niños” clamaba la escritora Corinne Kumar.

 

La destrucción de la economía iraki por el capitalismo salvaje  (que abrió las fronteras nacionales para productos chinos baratos, poniendo 200 mil trabajadores en la calle y en la resistencia).  La destrucción de la agricultura iraki  (los campesinos están ahora obligados  a comprar semillas de Monsanto y bulldozers para arar  de desecho de la era de Vietnam, como un castigo colectivo a las comunidades en resistencia). La destrucción del medio ambiente de Irak (217 pipas  fueron voladas y envenenaron el agua y el aire de la nación).  Bagdad se convirtió en una prisión, Samara en un desierto. Fallujah aplastada por la maquinaria de guerra  americana, con miles que quedaron bajo los escombros y todavía los insurgentes siguen luchando.

 

Cuando  se  exhibió el documental de  Mark Manning sobre la masacre de noviembre en la que fuera un día la  “ciudad de las mezquitas”,  y que iba acompañado por un soundtrack de un Bob Dylan reciente, escapé por un segundo afuera, hacia la tarde. Un hombre joven,  que fuera miembro del ejército turko, estaba apoyado contra la pared, con las manos sobre sus oídos. “Fui soldado. No hay razón para música en una zona de guerra”, explico con suavidad. 

 

En medio de la carnicería y de los cuerpos rotos hubo flashes ocasionales de humor negro .  "George Bush trajo electricidad a mi  culo  antes  que a mi casa” le decía con gestos un prisionero político al agradable y joven  reportero Dahr Jamail.

 

Jamail  presentó datos duros de la escasez en los hospitales irakis, contratistas con miles de millones de dólares en sus medias, que no pueden abastecer medicinas. El pillaje corporativo asombra: 40 plantas de aguas residuales de Bechtel simplemente nunca funcionaron.

 

La estructura corporativa de la guerra, su codicia global, fueron exhibidas bajo este oscuro microscopio. Salió a la luz  lo que generalmente llamamos “el rol” que juegan los medios de comunicación. La cobardía de las Naciones Unidas, presionada entre la pinza Bush-Blair.  Ese era el banquete, tres días de una Gran Guiñol de lo lúgubre.

 

Yo hablé sobre daños colaterales y  sobre  como nuestras vidas han sido degradadas por esta odiosa guerra. En México, hemos perdido 90 de nuestros hijos o hijas –tantos  como los británicos-  enrolados en el Ejército norteamericano gracias  a las mentiras de los reclutadores, y conducidos  a morir en el desierto como “carne de cañón”* en esta empresa criminal. Use mi kaffia en el podium, no sólo en solidaridad con la lucha palestina, poco presente en el Tribunal ante la  avalancha de acusaciones sobre Irak, sino también con los kurdos en Turkia cuyos nombres no se mencionan en Estambul. Después de que hablé, la esposa de un prisionero político me abrazó.

 

Hacer una  contabilidad apropiada fue una de las amedrentadoras tareas del Tribunal Internacional. Los acusados eran legión, Bush y Blair sólo encabezaban la lista de aquellos que debían ser crucificados por sus pecados. La complicidad de todos y cada uno  de los miembros de la Coalición, desde Nicaragua hasta Ucrania, se llevó para ser juzgada, también la de aquellos que siguieron órdenes o que guardaron silencio (Nuremberg nunca estuvo lejos de Estambul). La complicidad de la ONU por 12 años de sanciones  y medio millón de niños irakis muertos como testificaron Von Sponeck y Haliday,  los dos fueron asistentes del secretario general,   hasta que renunciaron, disgustados.

 

La complicidad de los líderes árabes. Más pertinentemente  del egipcio Mubarack, que ha convertido su tiranía en una cámara de tortura americana.  Turkia tampoco se queda atrás. Contrariamente a la miología política, el  moderado Islamic AK Party, nuevo en el poder cuando la guerra se aproximaba,  no hizo mucho por oponerse a que las tropas norteamericanas se estacionaran  en terrenos nacionales y finalmente encontró formas de un callado acomodo  con los asesinos de EUA. Los bombarderos todavía cruzan por fuera de la base militar aérea de Inchelik  y la marina norteamericana  ahora está en paz  con los militares turkos sobre el control de los puertos del Mediterráneo desde donde corrieron a la guerra.  Turkia incluso ofreció tropas a la coalición para proteger a la población turka en la Kirku, rica en petróleo, pero cuando Talabani  y Barzani  gritaron de horror y percibieron la amenaza para sus propias tierras.  Rumsfeld avergonzado dio marcha atrás en su oferta.

 

La violación de Irak se dio con abundante complicidad. Los gobiernos fueron cómplices. Pero también las corporaciones desde Halliburton a Coca Cola pasando por tu fábrica local de tornillos, sus dirigentes y sus obreros, cada uno hizo negocio con esta guerra ilegal.  Como periodista a veces he pagado por mis observaciones sobre este holocausto. ¿Soy también un criminal de guerra? Judith Miller, del New York Times, purga una sentencia indefinida por negarse a revelar que Karl Rove fue su fuente para una historia que nunca escribió pero que alimentó muchas primeras páginas sobre las armas de destrucción masiva de Saddam, y es quizás más culpable que ningún periodista en EUA, pues su historia incitó a la invasión criminal, puede verse eso claramente con las señas y maldiciones  que irrumpen en cuanto alguien menciona su nombre.

 

El veredicto fue, por supuesto, parecido a un anticlimax, pero como el tribunal era principalmente teatro político, la corte vino con una clamorosa resolución. El jurado estuvo toda la noche despierto para armar el rompecabezas de su resolución. Al final, resoilvieron que probar quién era el más culpable era una tarea imposible, Roy preparó una conferencia de prensa en un hotel de Estambul la mañana después. Bush y Blair y la ONU fueron condenados como lo fue Judith Miller. “Es como un graffiti en una pared de ladrillo” dijo Roy comicamente “Tú puedes añadir tu criminal de guerra favorito”.

 

Roy defendió la legitimidad del evento, por derivar de “la conciencia colectiva de la gente” pero precisamente quiénes eran esas personas, fue dejado, como siempre, en la indefinición. El Tribunal Mundial sobre Irak  apoyó el derecho del pueblo iraki a la resistencia (ninguna limitación a la violencia,  que fue propuesta durante las sesiones, fue mencionada) y  demandó tanto la retirada inmediata de las fuerzas de ocupación como el pago de compensaciones a las víctimas de la agresión.  La recomendación del jurado será remitida  a la Corte Internacional de Justicia que Estados Unidos ha rechazado reconocer.

 

A pesar de todo el Tribunal Mundial sobre Irak dijo valientemente su palabra  en Estambul sobre esta guerra que podría durar ocho años más si repetimos el ciclo de Vietnam. Al final, la solidaridad intrenacional de muchas personas  y pueblos con Irak  será un factor necesario para terminar esta guerra pero, como en Vietnam, serán los irakis por ellos mismos los que frenen al imperialismo norteamericano.

 

Aún es un placer encontrar que castigo para esos monstruos será planteado por cortes como el TMI. Siempre fui partidario de la forma en que los zapatistas juzgaron al General  Absalon Castellanos Dominguez, un sanguinario gobernador de Chiapas, que se robó tierras indias y esclavizó a los mayas en sus enormes plantaciones. Después de considerarlo, los rebeldes sentenciaron a Absalon a 40 años de trabajos duros (el máximo penal mexicano) en una comunidad indígena, partiendo leña para el fuego y acarreando agua. Después los zapatistas perdonaron al malvado general  y lo  soltaron, dejándolo perdido ante el hecho de la verguenza  de haber sido perdonado  por aquella gente a la que el había vergonzosamente humillado.

 

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TRIBUNAL

 

 

Emergimos de las horas

días y horas

horas y minutos

minutos y segundos

caímos en la oscuridad

tan pesadamente

con los cadáveres

de cien mil irakis

allí tú no podías respirar.

Una caverna de horrores

esta guerra

está con nosotros cada segundo

de cada minuto

de cada hora

pesando como un ataud

sobre nuestros agujereados corazones

nuestros ojos vendados

ante los torturadores

ellos acercan los cables

a nuestros genitales

en nuestros recto

imponiéndonos

sacudida tras sacudida

sus imperiales

herramientas de poder

fuimos golpeados con varas,

con cadenas, con cualquier cosa,

nuestros cerebros vaciados

por monos americanos

esgrimiendo cucharas

 

 

el ruido de esta interpretación

aporreando nuestros oidos

mientras nuestros seres queridos

vistos muy de cerca

obligados a cogerse entre ellos

en la llovizna de la penumbra

bajo la Máquina de Matar Norteamericana

hasta que nuestros torcidos y lacerados

cadáveres no podían ya

sentir la sensación

o probar el dolor

estamos congelados

en la oscuridad del llanto

de la que sólo somos

capaces de emerger

drenados y pinchados

en el tercer día

después de la crucifixión

logrando la resurrección por nuestra furia

y entonces, de repente

como si nada hubiera pasado

realmente

como si hubiera sido  solamente

una pesadilla más

realmente

estamos bajo la luz del sol

frente al azul del mar

mirando los ferrys

que dejan Asia

la memoria del Tribunal

un borrón negro

atrás del cerebro

que nunca se irá,

nunca.

 

Estambul, Junio 2005

 

(TRADUCCION  de  RED)

 

 

* Blog  2

 

**John Ross  acaba de regresar  de observar la lucha global durante dos meses en Europa y en Turkía. The Blindman's Blog, "”Anales de la resistencia",  continuará apareciendo. Las contribuciones para ayudar a pagar el extraordinario costo de esta odisea serán gustosamente aceptadas en nombre del autor en3258 23rd Street, Apartment 3, San Francisco Ca. 84110.

 917-821-4658,  johnross@igc.org, Blindman's Buff #82

 

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