Presentación de libro en Unión Hidalgo, Oaxaca:
"La lucha contra el Plan Puebla Panamá
en Unión Hidalgo"
de la
serie "Muertos Nos Quieren",
El Concejo Ciudadano Unihidalguense y
el Concejo de Ancianas y Ancianos presentamos en el parque central de Juchitán,
Oaxaca, el 15 de junio de este año, con la participación como comentaristas del
historiador zapoteco Víctor Cata y el periodista juchiteco Gerardo
Valdivieso, el libro "La lucha contra el Plan Puebla
Panamá en Unión Hidalgo" de la serie "Muertos Nos Quieren",
mismo que se editó en los Talleres de
Bambel, Quincy-sous-Sénart, Francia, para Gubiña XXI, A.C. en marzo del 2005,
en el que se presentan las entrevistas y testimonios de miembros del CCU y CAA
relativos a su experiencia de lucha durante los años 2003 y 2004 en Unión
Hidalgo contra el ecocidio, la corrupción, la represión, el homicidio, la
impunidad y la injusticia.
Muertos nos quieren
Víctor
Cata
Para todos tiene la
muerte una mirada,
Vendrá la muerte y tendrá
tus ojos.
Será como dejar un vicio,
Como ver un espejo
Asomar un rostro muerto,
Como escuchar un labio
cerrado.
Mudos, descenderemos al
abismo.
Cesare
Pavese
La
historia, igual que para otros pueblos, fue para nosotros la palabra y el
papel. Ella, la bella voz, fue hasta hace poco el aliento que se le insufla al
hijo del hijo; el soplo de la tradición, el hálito y el vigor del recuerdo y la
memoria; la vieja saliva que se gasta y desgasta al estar contando sucesos del
ayer, de antaño; vivencias vividas algunas ocasiones, vivencias vividas de
oídas otras vueltas, de lo que contaron los abuelos, de lo que vieron nuestros
padres, de lo que atestiguamos hoy. El papel – que antes fue en estas tierras
el ancho pared de las casas, templos y tumbas- ; la dura roca que se volvió estela
y tela de la presencia y la estancia en estos lares; piel de venado bañado con
el polvo fino del guiebeeu, “la piedra de la luna”, la blanca cal; trozo de
urdimbre bien tramado y también pellejo de árbol, fue y es la cárcel que
cautivo nuestra retentiva; celda en cuyos costados esculpimos las huellas que
pisaron nuestros antepasados en el tiempo.
La
palabra y el papel son instrumentos muy antiguos que acompañaron a nuestros
abuelos durante sus marchas durante la noche del olvido. Lindos artefactos que rasgaron
la vestidura de la amnesia. No en balde los viejos discursos comenzaban
invocando lo pretérito: ndí nga diidxa’
libaana ni bisaana ca binnigoola laanu, cani guza niru lunu, bixhosegoola canu.
“Este es el sermón que nos dejaron los lejanos, los viejos antecesores, abuelos
nuestros”. La palabra fue bien amada por nuestros ancestros, la llamaron diidxa’ naxhi, diidxa´ guie’ “palabra
dulce, palabra florida”. La pensaron en sus aforismos, eterna, infinita y sin
límites; diidxa´ qui rira “la palabra
no fenece”, diidxa’ ribee diidxa’ “la
palabra exhuma palabra”, tanta fue la importancia que le dieron que al mismo
hombre lo volvieron una palabra y un comentario: nacasinu diidxa’ “solamente somos un verbo”.
El
papel, gui’chi’, le decimos aquí, lo
leo, lo miro y pienso que su nombre esta escondido detrás del nombre indio de
la espina, del gui’chi’, a la espalda
del punzón que utilizaron nuestros abuelos para trazar las imágenes – palabras,
las letras prestadas que tomaron del otro para fijar sus relaciones: ahí están
las probanzas, memoriales, mapas, testamentos, defensas de las tierras, los
pleitos contra dominicos y contra los encomenderos y los caciques. ¡Ay!, los
eternos pleitos por las tierras de los indios. Los ires y venires en el caótico
terreno de lo administrativo; de lo judicial; legajos y legajos, tiempos
perdidos y batallas agotadoras. Todo esto lo conocemos los zapotecos y lo saben
nuestros paisanos binnizá de Unión Hidalgo. Ellos son los que han levantado
ahora la bandera que dejaron los juchitecos en la defensa de las tierras, ellos
son los que ahora han desentumido sus músculos para marchar y vocear: Aquí
estamos aunque muertos nos quieran. Ellos son los que ahora los que a través
del Concejo Ciudadano Unihidalguense y el Concejo de Ancianas y Ancianos,
afilan la palabra, la yerguen y la levantan para denunciar “la devastación del
ecosistema, la corrupción, represión, homicidio, impunidad, injusticias”.
También para delatar sinrazones, atropellos, abusos y desmanes de los mismos de
siempre, de aquellos que creen que le progreso está basado en la construcción
de grandes caminos, grandes empresas sobre la destrucción de la naturaleza, de
lo que nuestros abuelos respetaron y consideraron como un regalos de dios como
una parte del hombre mismo.
Hoy
nuestras voces se visten de gala con la presentación de esta obra, cuyo título
es “Muertos nos quieren, la lucha contra
el Plan Puebla Panamá en Unión Hidalgo”. Hoy, nuestra tradición de contar
los hechos de viva voz se vuelve galana aunque se materialice en el papel que
la atrapa y la fija para otros ojos y otros oídos. Por eso me atrevo a decir
que esta obra es de gran valía porque se volvió la escoba que ha vuelto a
barrer el camino enmarañado de la palabra, ha venido a limpiar el camino por el
que casi ya no se transitaba para llegar a los recuerdos, a las memorias, a la
historia. Pero sobretodo ha venido a quitarle protagonismo a la las luchas de
los zapotecos para darles voz a los otros. Es vital que volvamos a nuestros
recuerdos para que llenemos nuestro morrales y cansados de relatos, de hechos
histórico, míticos, anecdóticos y fantásticos.
Qué
bueno entonces que Gubiña XXI, A.C, recoja los testimonios de los zapotecos de
Unión Hidalgo, como los hicieron a su vez los zapotecos de Juchitán en 1737
para defender sus tierras y señalar sus mojoneras. Qué bueno que esta obra
venga a constituirse en otra fuente más de consulta, que nos señale los
impactos negativos del Tratado de Libre Comercio y del Plan Puebla Panamá en
nuestra tierras. Es pues una obra que nos da una descripción detallas de los
pleitos de los zapotecos de Unión Hidalgo contra las granjas camaronícolas y
comparte con nosotros sus mecanismos de lucha. Sin duda algunas, esta es una
fuente más para conocer la resistencia de los zapotecos en el sur del istmo de
Tehuantepec. Nosotros nos congratulamos por ello.
Periódico
Tiempo del Istmo, 15 de junio del 2005
tiempo_@prodigy.net.mx
Solo la verdad se registra
Gerardo
Valdivieso Parada
“Sólo
la verdad se registra” escribió alguna vez Andrés Henestrosa, y al leer la
frase cobró sentido en una experiencia que me sucedió en mis tiempos en la
secundarias, era entonces un simpatizante coceísta como la mayoría de los
jóvenes de mi edad, cuyos padres estuvieron involucrados en ese movimiento social.
Solía estudiar en casa de dos compañeros de clase media alta que vivían en el
centro de la ciudad, en un momento de descanso y al surgir el tema de la COCEI
tildaron a los coceístas como asesinos y delincuentes, yo contrarresté como
buen hijo de coceísta diciendo que los malhechores eran otros, que mi padre al
igual que cientos de hombres honestos habían parado en la cárcel por atreverse
a querer cambiar las fechorías de unos cuántos. Pero todos mis argumentos se
vinieron abajo cuando uno de ellos sacó un recorte de periódico. Las letras
negras de molde y las fotografía respaldaban lo que habían dicho, estaba
escrito y yo sólo tenía palabras. Me llene de coraje e impotencia porque nada
pude agregar, mi verdad no estaba escrita.
Esos
compañeros de escuela jamás les permitieron salir de su casa, jamás verificaron
los enfrentamientos en las calles, nunca vieron una camioneta repleta de
policías o de soldados que más que brindar seguridad venían a intimidar, jamás
fueron a visitar a un vecino herido de bala, nunca; la verdad para ellos estaba
escrita, lo leyeron y lo creyeron, como se creyeron las fantasías de la Biblia
que les leyeron sus padres, las fábulas patrioteras en los libros oficiales de
sitia de México que les contaron sus maestros, pues “sólo se registra”.
Actualmente,
si alguien me dice que un líder coceísta está en la cárcel por artero se lo
creo sin averiguaciones, con esta anécdota lo que quise destacar es la
importancia de escribir y dejar registro de lo que uno ha vivido.
“Muertos
nos quieren” es el testimonio de los que vivieron la represión de la autoridad
en Unión Hidalgo. En una nota lo llame un obituario por que en ella se le hace
de justicia a sus muertos y no queda en el olvido para que los jóvenes sepan la
versión de los que escenificaron esta parte de la historia de su pueblo.
Ahora
que la mayoría de los adolescentes relacionan la rebeldía con una telenovela o
piensan que lo pueden adquirir en un disco compacto; deben saber que en un
pueblo del istmo, unos paisanos realmente fueron rebeldes y no se conformaron
cuando la autoridad los trato de intimidar para no seguir protestando. La
visión de los movimientos sociales indígenas, incluyendo el de la COCEI, no han
sido analizados por sus protagonistas, la versión que han dado al mundo la han
hecho mayoritariamente estudiosos extranjeros. “Muertos nos quieren” es un buen
comienzo, digo un buen comienzo porque este es un testimonio de líderes, falta
entonces recoger los testimonios de los campesinos, los pescadores, las amas de
casa, los viejos, que tendrán una visión propia.
(fragmento
del texto leído en la presentación del libro Muertos Nos Quieren)
Periódico
Tiempo del Istmo, 20 de junio del 2005
tiempo_@prodigy.net.mx