LA VI, gays e indígenas, desde Chicago:
Hoy traigo sombrero y no gorra
Iván Juárez *
Recién llegado a Chicago
camine por la Michigan Avenue
y me gusto ya que el ruido, las luces, la gente y sobre todo las tiendas
siempre me han atraído; incluso recuerdo que aun siendo adolescente un amigo en
la Prepa me llevaba a los centros comerciales de moda
y aunque a duras penas completábamos para el pasaje, ahí me recordaba siempre
que yo debía comportarme como de la High, hablar
fresa era un punto importante. Mis programas favoritos eran “Salvados por la
campana” y “Beverly Hills
90210"; claro, me gustaban los chavos pero mi
anhelo era poder estar algún día en aquellos lugares y situaciones tan
emocionantes, tal vez manejando un coche de impacto, vistiendo ropas de fina
costura, con un super galán al lado, un departamento
y hasta un perro que pudiera vivir adentro, no como mi Paloma, que se la pasaba
de callejera.
Siempre pensé que lo
civilizado era fabuloso, hasta llegué a pensar que visitar el pueblo de papá
resultaba deprimente, aun habían casas de adobe, en la mesa pocas veces se
usaban cubiertos y la gente no utilizaba zapatos, solo huaraches, de ahí que
eran llamados como los pata rajada, los indios o los
bajados del cerro. Sí, cuesta trabajo despojarse de la ignorancia, pero la
nuestra, muchas veces ni la escuela ayuda, la diversidad es objeto de
discriminación, la gente homosexual padece de eso, y los indígenas también, y
ya lo tenemos ¿Qué tan indígena es un indígena?:
Nacer gay en cualquier
ciudad grande de Estados Unidos aun significa enfrentar discriminación, abusos,
restricción de beneficios, rechazo, asesinatos, etc. Paradójicamente, entre los
indios americanos desde Alaska a Sudamérica
existía una clasificación de genero/sexo que no se limitaba a hombre y
mujer, sino que habían personas transgénero
y homosexuales a quienes se les conocía como Los Berdache,
se les consideraba superiores ya que de acuerdo a las creencias, podían
comunicarse con los Dioses de forma especial. Los Europeos y su llegada al
continente destruyeron muchas de estas formas de vida por considerarlas pecado.
Hoy mismo, si nacieras
homosexual en Juchitan Oaxaca, tu familia te vería
como una bendición y hasta pachanga habría, ahí existe una sorprendente
sociedad indígena zapoteca que acepta a los homosexuales y los integra a sus
vidas de forma adecuada pues se cree que tienen una conexión especial con Dios.
Nadie te rechazaría tampoco si hubieras crecido en la Sierra Tarahumara.
Un más reciente ejemplo de
sabiduría y reconocimiento de la diversidad sexual lo han mostrado también los
indígenas del EZLN en el sureste mexicano, quienes en un comunicado firmado el
23 de Junio de este año expresaron: “Agradecemos a los homosexuales, lesbianas,
transexuales, transgéneros quienes nos dieron algunas
de las más hermosas lecciones de nobleza que hemos recibido, compartieron con
nosotros su lucha por el respeto a la diferencia, sabiendo que ésta no es un
defecto para ocultar “.
Pero mas
bien creo, son ellos de los que deberíamos aprender, la gente indígena desde
sus comunidades, sin servicios públicos, luz, agua, carreteras, escuelas, sin
antros ni restaurantes de lujo, nos han enseñado a lo largo de la historia
formas de actuar bastante inteligentes.
Hoy que estoy aquí en
Estados Unidos observo las ironías de un país civilizado y de “libertades”,
soy honesto, debo confesar que aún estoy
perdido y lucho por librarme totalmente de esos
“ideales” que desde chico adquirí y que aun siguen acariciando mi
interés y me mueven a hacer lo mismo, no solo cuando prendo la televisión, pero
cuando paso por un bar y observo a “gente bien” con sus presumibles cantidades
de “amigos”, con sus abundantes bebidas y platos de comida que desperdiciarán,
cuando paso por un Mcdonals y/o Burger
King y me compro una hamburguesa, cuando veo y quiero
también a uno de esos perros de raza fina que parecen haber sido entrenados
para que griten al mundo lo mucho que vale el dueño, o como cuando veo un
cuerpo formidable y me siento gordo, cuando deseo yo también tener un i Pod y poder escucharlo solo
yo y nadie más, pero sobre todo,
cuando sin necesidad ni compromiso no me importa dejar mi casa, mi familia y
amigos por mucho tiempo con tal de estar en esta tierra que insistentemente me
han dicho, es cumplidora sueños.
• Ivan es mexicano, vive en Chicago
y trabaja en diversos medios radiales y periodísticos. Defiende los derechos de
la comunidad LGTB
ivanukor@yahoo.com