Lula, los
Sin Tierra y el futuro de Brasil
Joao Pedro Stedile *
La Jornada, agosto 20, 2005
La sociedad brasileña está
perpleja ante la "desnudez política" a que fue expuesto el Parlamento
y a la forma como funcionan las campañas electorales en Brasil. Los partidos se
abastecen de las empresas públicas o privadas, de algunos bancos, a fin de sostener
sus campañas, obtener privilegios personales y parlamentarios, derrumbando con
esto las barreras que separan las recaudaciones legales de las ilegales. A
cambio, sólo Dios sabe lo que se ofrece.
Ciertamente, lo que causó
más perplejidad fue que la práctica tradicional de la derecha ahora
-comprobadamente- es realizada también por el principal partido de la
izquierda. Y la opinión pública espera que sean revelados los orígenes de los
recursos, quiénes son los empresarios que pagan y cuáles los verdaderos
intereses. Finalmente, nadie entrega millones gratis.
Pero, más allá de los casos
de corrupción, es preciso reflexionar sobre la naturaleza de esta crisis. Las
evidencias son muy graves. Nuestro país vive una crisis que envuelve al
conjunto de la economía. Es verdad que el PIB creció -aunque sea
mediocremente-; que la inflación está controlada; que las grandes corporaciones
y los bancos tienen ganancias fantásticas, y que los saldos de la balanza
comercial baten récords.
Sin embargo, la economía no
está resolviendo los problemas básicos de la población: empleo, renta y
bienestar social. Hay una crisis social. Nuestros niveles de violencia social
se equiparan a los de los países en guerra. (¡Ojalá recordemos eso a la hora de
votar contra la venta de armas a Brasil en octubre!)
Hay una crisis política, y
la población no se ve representada por los políticos y los partidos: es una
crisis ideológica. No hay debate de ideas, de proyectos, de propuestas para la
sociedad. El neoliberalismo consiguió reducir y transformar la política en un
mero mercado de votos, controlado por expertos en mercadotecnia alquilados que
cobran fortunas por engañar al pueblo. Lamentablemente, ninguna fuerza social
organizada tiene claro qué proyecto quiere para la sociedad. Y las universidades
y medios de comunicación, que serían espacios necesarios para ese debate,
también están alienados de los verdaderos problemas de la población.
Frente a este cuadro, la
evaluación del MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra), de Vía
Campesina y de otros movimientos sociales, es que la salida a la crisis no está
sólo en la penalización necesaria de quien practicó la corrupción. No basta con
pedir a los partidos que hagan sus autocríticas. No basta reducir la cuestión a
apoyar o no al gobierno de Lula. Los movimientos sociales, como el MST, deben
mantener su autonomía con relación al gobierno, al Estado y a los partidos.
¿Dónde está la salida,
entonces? La salida a esta crisis requiere diversas medidas, que abarcan
aspectos económicos, políticos y sociales.
En el campo económico es
preciso cambiar esa política neoliberal que sólo beneficia a bancos y grandes
corporaciones. La inmensa mayoría de la sociedad está contra la actual política
económica, inclusive el vicepresidente de la república. Es preciso subordinar
la política económica a los intereses del pueblo y de la sociedad. Es preciso
que el Estado oriente la economía a resolver prioritariamente el problema del
desempleo y de los ingresos de todos los brasileños, por ejemplo, aumentando el
salario mínimo. Es preciso priorizar los gastos públicos en educación,
vivienda, saneamiento básico, salud, reforma agraria y los incentivos a una
política de promoción de las actividades culturales.
El profesor Fábio Konder
Comparato ya defendió innumerables veces la necesidad de una reforma política
que recupere el poder de decisión del pueblo, incorporando el derecho a
convocar plebiscitos y referendos populares; el derecho de revocar mandatos
legislativos y ejecutivos, y el control sobre los gastos públicos -entre otras
medidas de democracia directa.
Acerca de reforma agraria,
el gobierno está en deuda con nosotros y con la sociedad, pues el Plan Nacional
de Reforma Agraria marcha a paso de tortuga, mientras 130 mil familias
sobreviven debajo de lonas negras a lo largo de los caminos brasileños,
indignando a todos.
Es necesario que realicemos
una amplia convocatoria nacional para debatir un proyecto para el país, como
fue propuesto durante la semana de debate social de la CNBB (Conferencia Nacional
de Obispos de Brasil) y por todas las fuerzas sociales. El país precisa un
rumbo, el de un proyecto que recupere la soberanía popular y nacional, que
reoriente la economía para atender las necesidades del pueblo. Y esto sólo se
construye debatiendo, aglutinando fuerzas.
Estamos convencidos de que
cualquier otra "salida milagrosa" (con una constituyente, con
relección o no relección, candidatos suprapartidarios o izquierdistas....) no
conducirá a ninguna solución si no debatimos un proyecto y posibilitamos la
participación efectiva de la población en la definición de los rumbos del país.
* Joao Pedro Stedile,
economista y especialista en economía agraria, es miembro de la dirección
nacional del MST.
Traducción: Ruben
Montedónico