Pierluigi
Sullo*
El mensaje de la Sexta
La Jornada, julio 29
De cara a la Sexta
Declaración de la Selva Lacandona se pueden tener diversas actitudes y esta
semana hemos visto todas. La más difundida ha sido la indiferencia, no sólo de
los grandes medios o de la fuerza política obsesivamente ocupada en colocar sus
peones e "imagen" en los tableros políticos con vista a la elección
del próximo año. Inclusive la izquierda más radical y tradicionalista persevera
en el error de juzgar marginal la rebelión zapatista, o sea, fuera de los
"puntos calientes" del conflicto entre capital y trabajo. Ellos
parecen afirmar: "¿qué nos pueden decir ustedes, minúsculos, arcaicos
indígenas rebeldes, a nosotros que estamos en la cima del volcán de la
modernidad?" Los insurgentes son vistos con simpatía, pero se considera
que no pueden enseñar algo. Estas fuerzas se quedan en la espera del Mesías, de
la Revolución, disponiéndose mientras tanto a "combatir" y a tener en
alto la bandera de la lucha proletaria.
Está además quien suelta un
suspiro de alivio. Algún periódico escribió que con la Sexta Declaración los zapatistas finalmente decidieron transformarse en partido
político. En su lógica, la anomalía se vuelve normal, la percepción que
provocaba un extraño grupo de "guerrilleros" que no sólo no disparan,
sino promueven movilizaciones civiles gigantescas, finalmente se quita de en
medio.
Una tercera posibilidad, el
hecho de que el EZLN no es una guerrilla ni aspira a convertirse en un partido
"legal", no existe para ellos. Ni es comprensible para los grandes
medios, ni tampoco para una izquierda más razonable, no liberal que carga con
los paradigmas del pasado. No comprenden así por qué cuando los zapatistas proponen una gran campaña política, queman todos
los puentes hacia la izquierda institucional mexicana. Se toca un punto
sensible: ¿es mejor tener el gobierno de Lula o el de Cardoso?
¿Zapatero o Aznar? ¿Prodi o
Berlusconi? ¿Bush o aquel
candidato demócrata del cual nadie recuerda más el nombre?
En los últimos años, muchos
de quienes han simpatizado fuertemente con el EZLN han vuelto la mirada a
Venezuela y a la trayectoria de Hugo Chávez. Ahí todas las cuentas salen: hay
gran efervescencia y movilización social y civil, pero también un presidente,
una nueva Carta Constitucional, un ejército, para ofrecer la suspirada
"salida política", sin la cual cualquier movimiento o construcción de
alternativas está destinado a quedar en el limbo de la posibilidad, en el más
puntual y disperso fenómeno: en una suma inútil.
Opiniones de este tipo,
inclusive con una fuerte carga de resentimiento, fueron escritas también en La
Jornada, donde se dijo: ¿por qué excluir la posibilidad, junto a una vasta
activación civil y ciudadana, de un gobierno de izquierda? Y el mismo consejo
del Foro Social Mundial (FSM) no sólo no ha considerado nunca seriamente la
influencia zapatista en las decenas de miles de personas que viajaron a Porto
Alegre, Mumbai, Florencia o París, sino que ha
convocado a uno de los FSM "policéntricos"
de 2006 en Venezuela, porque la conquista del gobierno nacional, no obstante la
decepcionante experiencia brasileña y el empujón de los "soberanistas" franceses de Attac,
es un mensaje que, para ellos, debe ser lanzado claro y fuerte. ¿Responderá
positivamente el consejo del FSM al llamado del EZLN, que mientras propone
Encuentros Intergalácticos, cita, no por casualidad, el lema: "otro mundo
es posible"?
Está también otro tipo de
reacción a la Sexta Declaración: el de las redes sociales que fueron el cuerpo
del movimiento altermundista. Su respuesta es menos visible, más reflexiva,
dominada por un sentimiento ubicado entre la sorpresa, el alivio y la
preocupación. La sorpresa, porque la elección de cultivar el jardín propio, es
decir, promover la autogestión y la autonomía de la comunidad indígena rebelde
-los caracoles- parecía definitiva. Un mensaje que
parecía decir: abandonemos la escena nacional, aun si mantenemos nuestros nexos
internacionales, para demostrar que de cara a la violencia y a la estafa del
poder podemos crear a partir de nosotros mismos, en nuestro terreno, un mundo
nuevo. El alivio, porque por muchas razones de aquella elección se percibían
como aislacionistas al bajar el volumen de la Radio Rebelde zapatista, que era
escuchada fuerte y clara en todos los continentes.
Los zapatistas
están poniendo en riesgo todo aquello que esas fuerzas habían conquistado hasta
ahora. Por esta razón, observadores agudos del fenómeno zapatista o lejanos
entre ellos, como Immamnuel Wallerstein
y Raúl Zibechi, pueden hablar de una "segunda
revolución" o "segunda fase" del zapatismo.
Y poner en riesgo aquello que ha representado el inicio del nuevo movimiento,
la "revolución" que ha abierto el nuevo siglo, como la de Emiliano
Zapata inauguró el siglo XX, equivale a poner en peligro todo eso que, en torno
al discurso zapatista, gracias a su novedad, ha sido creado en casi 12 años en
México y en todo el mundo, incluido Porto Alegre.
El EZLN se propone crear
"un nuevo modo de hacer política" para construir en México la alianza
más vasta posible entre sectores sociales, políticos y culturales y aplicar un
"programa nacional de lucha" hasta llegar a una "nueva
Constitución". Confronta a los movimientos nacidos después del siglo con
los movimientos revolucionarios y anticapitalistas que han hecho de la
conquista del poder su objetivo principal, adecuando los medios para obtener el
objetivo de conquistar. Los zapatistas vuelcan este
paradigma y arrojan ellos mismos su historia, su capacidad de comunicarse y de
organizar en la dirección opuesta: la que busca cambiar su país por otros
medios, coherentes con el fin. Será la democracia más radicalmente conocida,
nacida en el day after del
aniquilamiento de la democracia liberal-nacional de parte de la "bomba
neoliberal".
El mensaje que viene de la
Sexta Declaración es muy simple: vivimos ya nuestro futuro, debemos hacer que
viva también en nuestras mentes, en nuestros corazones, en nuestra capacidad de
estar juntos.
* Director del semanario
italiano Carta
Traducción: Guillermo García
Espinosa de los Monteros