La Ocupación del Tíbet
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En la víspera del inicio del
festival anual de ópera tibetana (Lhamo)
de 1950, se sintió, en los aproximadamente dos millones y medio de kilómetros
cuadrados que conforman el Tíbet, un temblor inusual: iba acompañado por el
sonido de explosiones que se escucharon tan lejos como Calcuta, y de un
resplandor rojizo que iluminaba el cielo. El pueblo tibetano, tan propenso a la
interpretación mágica de la realidad, vio en el extraño fenómeno un oscuro
presagio. Los acontecimientos que tendrían lugar dos meses después, en octubre,
podrían tomarse como la confirmación de aquellos sentimientos.
Cuando en 1949, el Ejército
Popular de Liberación (EPL) ganó en forma definitiva el control de China,
anunció que una de sus prioridades sería la liberación del Tíbet. De qué
debería liberarse, no quedaba muy claro. A lo largo de todo este siglo, China
ha reclamado soberanía sobre el Tíbet, lo cual es una aberración histórica. Una
aberración que ha costado la vida a 1,200,000 tibetanos desde 1950, (1,207,387
hasta 1988). En octubre de 1950, un ejército de 80,000 soldados comunistas
chinos atravesó el río Drichu, la frontera de la provincia tibetana de Chamdo
con la naciente República Popular China (RPC). China reclama derechos sobre Tíbet desde la época
de decadencia de la dinastía Qing, de origen Manchu. Esto último es importante,
puesto que se trata de una dinastía extranjera en China, no se trataba de
gobernantes chinos, sino mongoles. La dinastía Qing fue arrojada del poder por
el ejército nacionalista de Chiang-Kai-Shek en 1912. Este evento permitió al
ejército tibetano expulsar a los últimos remanentes del ejército imperial
chino, que había invadido al Tíbet en 1910.
Mientras el EPL seguía su
avance hacia Lhasa, la capital tibetana, la RPC impuso un “Acuerdo en
diecisiete puntos” que hacía al Tíbet parte integral de la república, exigía de
una manera eufemística la rendición del reducido ejército tibetano, despojaba a
la nación de toda capacidad para establecer relaciones internacionales. Se
estipulaba que se respetaría el sistema político local, la autoridad y posición
del Dalai Lama, las pertenencias y las personas de los tibetanos, así como la
libertad de culto. No pasó mucho tiempo antes de que el EPL violara cualquier
artículo que fuera favorable al Tíbet. Al colectivizarse la tierra, e
introducir tipos de cultivo inadecuados para las particulares condiciones de la
meseta tibetana, por primera vez en la milenaria historia del país de las
nieves eternas, se conoció el hambre.
Los abusos y atrocidades cometidos por los soldados
y oficiales chinos llevaron a una serie de sublevaciones. Para 1957 había una
situación de guerra franca en las provincias de Amdo y Kham. La mayoría de los
sublevados eran Khampas, la subetnia tibetana más aguerrida. Al irse
aproximando a la capital, los chinos temieron una insurrección generalizada,
por lo que “invitaron” al Dalai Lama a acudir a una representación cultural en
un cuartel militar chino establecido en Lhasa, "por su seguridad", se
le pidió que su escolta personal fuera lo más reducida posible, y se presentara
desarmada.
La situación alcanzó un
punto crítico el 10 de marzo, fecha que se fijó para la visita del líder
tibetano al cuartel chino. Cuando la noticia, que los chinos trataron todo el
tiempo de mantener en secreto, trascendió, el resultado fue inesperado:
espontáneamente, el pueblo tibetano tomó las calles para impedir que Su
Santidad saliera de su palacio, porque tenían la seguridad que las intenciones
del EPL eran el secuestro del Dalai Lama. Huelga decir que no fue posible la
visita a las instalaciones militares. Durante los siguientes seis días, hubo un
intercambio de misivas entre las autoridades militares y los tibetanos. Al
séptimo, cuando los chinos habían hecho explícito que pensaban bombardear a la
población apostada en las afueras del Palacio de Norbulingka, donde se
encontraba el Dalai Lama, y tras consultar con el oráculo estatal de Nechung,
el décimo cuarto Dalai Lama del Tíbet, Tenzig Sonam Gyatso, decidió huir al
exilio.
La huida del joven monje,
que a la sazón contaba con 24 años de edad, no impidió que la represión que se
desató cobrara la vida de 82 000 personas. Poco antes de abandonar suelo
tibetano, el Dalai Lama, y el Kashag
"el consejo de ministros", repudiaron el "Acuerdo en diecisiete
puntos" y proclamaron el gobierno tibetano, hoy en el exilio, que hasta la
fecha es la única autoridad legalmente constituida para el Tíbet, lógicamente
sólo de derecho. La ceremonia fue presenciada por un auditorio de alrededor de
mil personas. Pocos días después, la partida ingresó al territorio de la India.
Desde entonces, el Dalai Lama ejerce el gobierno en el exilio desde ese país,
teniendo su residencia en la ciudad de Dharamsala.
A partir de entonces, Su
Santidad ha recorrido el mundo incansablemente en busca de apoyo para el pueblo
tibetano. Hasta ahora, ha recibido más ayuda de la población civil, ya que
ningún gobierno ha reconocido oficialmente al gobierno del Dalai Lama. Sin
embargo, la Comisión Internacional de Juristas declaró que:
La
postura del Tíbet referente a la expulsión de los chinos en 1912 puede con
justicia describirse como una independencia de facto [...] Por tanto, puede
afirmarse que los acontecimientos de 1911-1912 señalan la reemergencia del
Tíbet como un estado plenamente soberano, independiente de hecho y por ley del
control chino.
Ya en el exilio, el gobierno
tibetano ha sido reformado, en busca de esquemas democráticos. El 2 de
septiembre de 1960 quedó inaugurado el Comité de Diputados del Pueblo Tibetano,
como el cuerpo legislativo supremo. En él, están representados los habitantes
de las tres regiones del Tíbet: Ü-Tsang, Amdo y Kham, las principales sectas
del budismo tibetano, así como la religión antigua del Tíbet, el Bön. En la
actualidad, ese organismo se llama Asamblea de Diputados del Pueblo Tibetano, o
Bhoe Mimang Chetui Lhenkhang.
En 1989, año en que visitó
México para establecer la primera representación oficial del Gobierno Tibetano
en el Exilio para Latinoamérica óCasa Tíbet Méxicoó, recibió el Premio Nobel de
la Paz. Desde entonces ha sido creciente el apoyo que recibe la causa tibetana
en Occidente.
El Premio Nobel le fue concedido con base
en su Plan de Paz en Cinco Puntos, que consiste en lo siguiente:
1. Transformación de todo el
Tíbet en una zona de paz.
2. Abandono de la política de
transferencia de población china que significa una amenaza a la existencia
misma del pueblo tibetano.
3. Respeto por los derechos
humanos fundamentales del pueblo tibetano y por las libertades democráticas.
4. Restauración y protección
del medio ambiente natural del Tíbet y abandono de la utilización que China
está haciendo del Tíbet para la producción de armas nucleares y como cementerio
de residuos nucleares.
5. Comienzo de negociaciones
formales sobre el futuro status del Tíbet y sobre las relaciones entre los
pueblos tibetano y chino.
El plan había sido hecho
público el 21 de septiembre de 1987, en una presentación frente a la Comisión
de Derechos Humanos del Congreso de Estados Unidos. En realidad el plan era
bastante más viejo, pues en su contenido consistían las propuestas que había
hecho a China desde 1979, cuando Deng Xiao Ping declaró que todo era
negociable, excepto la independencia del Tíbet. Como se puede ver claramente,
en ninguno de los cinco puntos se habla de independencia, ni siquiera en el
quinto, que lo único que hace es establecer la diferencia que existe entre
chinos y tibetanos, también sostenida por la RPC. Hoy en día es evidente que no
hay voluntad por parte de China para solucionar este problema, y nunca se podrá
saber si la declaración de Deng Xiao Ping fue sincera. El 29 de julio de 1997, la
Secretaria de Estado de Estados Unidos, Madeleine Albright, declaró a líderes
del Congreso de ese país que nombraría un "coordinador especial" para
vigilar la política estadounidense sobre el Tíbet.El anuncio fue hecho como
respuesta a la presión ejercida por las facciones tanto demócrata como
repúblicana. El nuevo coordinador no tendrá el rango de embajador, aunque hay miembros
del Congreso que pugnarán porque así sea. China protestó inmediatamente,
aduciendo que Estados Unidos estaba interfiriendo en la "asuntos
internos". La RPC siempre ha esgrimido ese argumento ante cualquier
crítica por parte de la comunidad internacional sobre violaciones a los
derechos humanos. La postura de Estados Unidos puede significar en el mediano
plazo que se inicien negociaciones tendientes a solucionar el conflicto
sino-tibetano.
En este momento la situación
del Tíbet es desesperada. La población tibetana ya es una minoría en su propio
país, frente a la población china de etnia han
que ha sido transferida. Los tibetanos no tienen acceso a la educación ni a
servicios médicos. La práctica de la religión está prohibida. Las mujeres
tibetanas están siendo sometidas a abortos y esterilizaciones forzadas, parte
de lo que el Partido Comunista chino, en una reminiscencia del Partido Nazi,
llama la solución final.
El futuro del Tíbet está en
las manos del apoyo que pueda recibir por parte de los países occidentales, que
se rehusan a aplicar sanciones económicas al país que está realizando el
genocidio más escandaloso de la segunda mitad del siglo XX.
Como se puede deducir
fácilmente por lo expuesto hasta este punto, la historia del Tíbet está
inextricablemente unida a la del Dalai Lama. Por eso, no resulta raro que
termine este texto con uno de los párrafos finales de su autobiografía:
"Desearía acabar este libro con una nota de agradecimiento a
todos los amigos del Tíbet. La preocupación y el apoyo que han expresado en
favor de la causa de los tibetanos nos ha llegado profundamente al corazón, y
continúa proporcionándonos el coraje para luchar por la libertad y la justicia,
no por medio del recurso de las armas, sino con las armas más poderosas de la verdad
y la determinación. Sé que estoy hablando en nombre de todos los tibetanos
cuando les doy las gracias, y les pido que no olviden al Tíbet en este momento
crucial de la historia de nuestro país."
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