XIMENA CASAS La guerra del agua*
(Clarín, Buenos Aires)
“El gran desafío del siglo es calmar la sed.
Desde las bases militares instaladas cerca de los
recursos naturales hasta el
control que las empresas privatizadas pueden ejercer en el acceso al agua,
el tema inquieta cada vez más a todos. Hipótesis futuras sobre un
patrimonio único.”
(Telma
Luzzani)
La Tierra se agrieta. La sequía castiga al
Norte opulento y atormenta a los pobres de la India, México,
Jordania o Etiopía. Europa refleja su preocupación. "Francia
tiene sed", tituló Le Figaro el lunes pasado. Alemania perdió el
80% de sus plantaciones. España protesta por los cortes energéticos.
La Unión Europea admite la pérdida de 5.700 millones de dólares por
las cosecha malogradas y porque con el Danubio, el Rin y el
Elba semisecos no se puede transportar mercadería.
Es por el agua, un bien escaso y mal repartido.
En Etiopía la sequía produce una noticia desgarradora: "Sema
Kedir, madre de tres niños, decidió suicidarse colgándose de un árbol.
La explicación del enigma estaba cerca, en un pote de agua quebrado.
Ella estaba a punto de terminar una caminata de12 kilómetros desde
el pozo más cercano cuando un accidente la dejó sin el suministro de
agua de sus hijos para los próximos dos o tres días. La historia de
Kedir es la de 1.200 millones de personas en el mundo que no tienen
acceso a agua potable", escribió, en junio pasado, el corresponsal de la BBC en ese país.
Es un bien tan precioso que ha pasado
necesariamente a ser objeto de controversia política. Hay quienes
pugnan para que se lo considere un bien social, un patrimonio de
todos. En cambio otros, defienden que sea privado. Es que para la ley
del mercado nada puede haber más atractivo ni codiciado que un
recurso imprescindible y escaso como el agua. En esa tensión, nació una
frase que despierta temor. "Las guerras del siglo XXI serán por el
agua" dijo Ismael Serageldin, ex directivo de la
Sociedad Mundial del Agua, una alianza de corporaciones internacionales
dedicadas a ese negocio y a impulsar la privatización del servicio público
del agua en distintos países. Serageldin fue también ex
vicepresidente del Banco Mundial, otra entidad muy vinculada a la
privatización del agua, con prácticas, a veces, non sanctas, como pasó con
Aguas Argentinas. No
bien empezado el siglo XXI, el temor creció y se hizo claro: si la
ONU profetiza que en 2025 la demanda de agua potable será el 56 por
ciento más que el suministro, quienes tengan esos recursos podrían
ser blanco de un saqueo forzado.
En ese contexto, de todos los escenarios
posibles, los especialistas eligen dos. Uno, la apropiación
territorial a través de compras de tierras con recursos naturales o
—a futuro y en la peor de las circunstancias— no se descarta una
invasión militar (¿apuntaría a eso la frase de
Serageldin?). Esta
hipótesis traza un paralelo con la última guerra en Irak y la actual
apropiación de las grandes petroleras estadounidenses de la
riqueza iraquí.
El escritor Norman Mailer agregó algo más:
"La administración de George W. Bush no fue sólo a Irak por su
petróleo sino por el Eufrates y el Tigris, dos ríos caudalosos en
una de las zonas más áridas del planeta".
El segundo escenario ya está en marcha: es
la privatización del agua. En los últimos 10 años las grandes
corporaciones, llamados también los "barones del agua",
han pasado a controlarla en gran parte del mundo y se calcula que, en 15
años, unas pocas empresas privadas tendrán el control monopólico de
casi el 75% de ese recurso vital para todos.
La supuesta escasez de agua dulce es el
principio rector de ese gran negocio: represas, canales
de irrigación, tecnologías de purificación y de desalinización,
sistemas de alcantarillado y tratamientos de aguas residuales y ciertamente,
según los datos del Instituto Polaris de Canadá
(www.polarisinstitute.org), el embotellamiento del agua, un negocio
que supera en ganancias a la industria farmacéutica. Los zares
del agua Las grandes corporaciones no son muchas. Las
francesas Vivendi y Suez (clasificadas en los puestos 51 y 99
respectivamente en el Global Fortune 500 de 2001). La alemana RWE
(en el puesto 53), que adquirió dos importantes empresas de agua,
Thames Water en el Reino Unido y American Water Works, en Estados
Unidos. También están la francesa Bouygues (a través de su empresa de
agua SAUR) y el gigante de la construcción en EE.UU. Bechtel (a través de
sus filiales United Utilities e International Water).
Según el Instituto Polaris, el Banco Mundial
juega también un papel clave. Primero fomentando las
privatizaciones, luego prestando dinero para las "reformas en
el sistema de agua", después invirtiendo (como en Tailandia
donde el BM fue el mayor inversionista con 225 millones de dólares) y finalmente
como juez en caso de reyerta entre los inversionistas y los Estados.
Este manejo viciado de irregularidades tuvo un papel crucial en la
privatización del agua en Argentina, un escándalo que explica con
gran solvencia el libro Crónica de una sumisión anunciada (Siglo XXI)
de Daniel Aspiazu y Martín Schorr .
Este segundo escenario está jugando actualmente
su batalla más decisiva. El campo de lucha son la
Organización Mundial de Comercio (OMC) y el ALCA como extensión
del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA). La pugna
es entre quienes creen que el agua debe ser considerada un commodity
o bien comerciable (como el trigo o el café) y quienes dicen que es un
bien social relacionado con el derecho a la vida. Los alcances de la
soberanía nacional y las herramientas legales son también parte del
combate.
El caso de la Columbia Británica (Canadá) puede
ser, en ese sentido, paradigmático. Cuando por razones de Estado
el gobierno canadiense suspendió la exportación de agua en gran
tonelaje desde esa zona hacia la sedienta California, la compañía
Sun Belt Inc. (de Santa Bárbara, EE.UU.) demandó a Canadá amparada
en una de las cláusulas del NAFTA. Sudamérica: ejércitos y
agua La investigadora mexicana Ana Esther Ceceña (profesora de
la Universidad Nacional de México y miembro fundador del grupo de
Trabajo Economía Internacional de CLACSO), afirma en su libro La guerra
infinita, hegemonía y terror mundial (Clacso) que existen fuertes
intereses económicos ligados a la puesta en marcha del ALCA y a la
obtención de recursos naturales valiosos. "La Triple Frontera
—escribió— funciona como llave de acceso político y militar a la
región amazónica; es una frontera que comunica a dos de los países
más importantes de América del Sur y está en un lugar rico
en biodiversidad (...) y con mucho agua que puede ser una buena
fuente de energía eléctrica".
En su investigación señala la unión de los yacimientos naturales
más importantes de la región y de los lugares de mayor despojo y
efervescencia social con las bases o sitios de prácticas
militares norteamericanas.
En la Argentina, el Centro de Militares para
la Democracia, a través de una investigación realizada por la
profesora Elsa Bruzzone, llegó a una preocupante conclusión:
"La cíclica presencia del Comandante del Ejército Sur de EE.UU.
en la Triple Frontera, las declaraciones del Departamento de Estado
y los rumores de que allí habría terrorista tiene un objetivo: el control del Sistema Acuífero Guaraní
(SAG), un verdadero océano de agua potable subterráneo que tiene allí su
principal punto de recarga",
dijo a Zona el presidente del Cemida, coronel Horacio
Ballester.
El acuífero tiene 132 millones de años. Empezó
a nacer cuando Africa y América estaban todavía unidas. Su extensión
tiene las típicas dimensiones gigantescas del continente americano:
1.190.000 kilómetros cuadrados, una superficie mayor que la de
España, Francia y Portugal juntas. Se lo llama también el Gigante del
Mercosur porque este inmenso reservorio de agua pura se extiende desde el
pantanal en el norte de Brasil, ocupa parte de Paraguay y Uruguay y
llega hasta la pampa argentina. Una fortuna. Incluso hay quienes creen
que, a enormes profundidades, el acuífero está conectado con
los lagos patagónicos.
El volumen total de agua almacenada es inmenso: 37.000
kilómetros cúbicos (¡donde cada kilómetro cúbico es igual a 1 billón
de litros!). Pero el volumen explotable hoy es de 40 a 80
kilómetros cúbicos por año, una cifra equivalente a 4 veces la
demanda total anual de la Argentina.
En Brasil también desconfían. Marco Aurelio
García, brazo derecho del presidente Lula en temas internacionales,
dijo hace un año atrás a Zona sobre la Triple Frontera:
"Periódicamente se busca crear un clima de histeria ¿Por qué tanta
insistencia?". Pero las sospechas del Cemida no sólo apuntan al
riesgo de una ocupación militar del ejército norteamericano en la
Triple Frontera ("justificado con falsas denuncias de
terrorismo", otro paralelo con Irak, donde supuestamente había armas
de destrucción masiva que nunca se hallaron) sino a otro
plan. "EE.UU. puso al BM y a la OEA al frente de un proyecto que
busca detectar la magnitud del recurso, asegurarse su uso de manera
sustentable, evitar la contaminación y mantener un control permanente hasta
cuando lo considere conveniente. Se destinaron para este
plan 26.760.000 dólares", dicen.
"Esto era investigado por universidades
argentinas, brasileñas y una uruguaya", continuó Ballester.
"Pero en 1997 los cuatro gobiernos del Mercosur aceptaron un
proyecto donde el Global Enviroment Facility (Protección del
Medioambiente Global, GEF en inglés), la OEA y el Banco Mundial
gerenciaban la investigación. Cuenta con el apoyo financiero
de Vigilancia Geológica Germana (BGR) y el programa Asociado del Agua
de los Países Bajos (BNWPP). ¿Qué interés tienen norteamericanos,
alemanes y holandeses en el acuífero?", se pregunta
Ballester quien además se queja de que los gobiernos mercosureños no
hayan consultado sobre temas tan importantes a los ciudadanos.
El geólogo brasileño Luiz Amore, secretario
general del proyecto aclaró a Zona esas dudas. "Nuestras
universidades no tienen ni el dinero ni la tecnología para realizar
estos estudios", dijo en una entrevista telefónica desde
Montevideo, donde está la sede del "Proyecto para la protección
ambiental y el desarrollo sustentable del Sistema Acuífero
Guaraní".
Amore es el secretario general de un consejo
que integran doce personas, tres de cada país del Mercosur.
"Es importante que quede claro —continuó—. Por falta de dinero
las universidades buscaron apoyo. El aporte viene del GEF, un
fondo donde todos los países del mundo ponen dinero para desarrollar
estudios y proyectos ambientales. Nosotros presentamos un muy buen
proyecto y fue aprobado lo que significa que el dinero que alguna vez
nuestros países pusieron en ese fondo vuelve a nosotros. El BM
maneja el aporte. Es como el
operador de cuenta de un banco".
Sobre la presencia de agencias alemanas y
holandesas Amore responde: "Aportan su conocimiento científico
técnico". Y sobre la escasez del agua en el futuro asegura:
"El agua no se acaba. Tenemos las lluvias. Estamos en países
tropicales o subtropicales. Pero si no se cuida, si hay
una industrialización sin protección del medio ambiente
si contaminamos a una velocidad mayor de lo que la naturaleza
puede sanear, entonces sí va a escasear el agua". Y los costos
de saneamiento son tan elevados que sólo van a poder ser pagados por
los ricos, aseguró.
De acuerdo a lo que actualmente se conoce, el
agua del SAG tiene excelente calidad y buena presión de surgencia,
de manera que realizada una perforación, cuando se alcanza la
profundidad del acuífero el agua se eleva naturalmente y en muchos
casos emerge sobre el nivel del suelo; las temperaturas, producto de
las profundidades alcanzadas (por gradiente geotérmico), van desde
los 33ø C a los 65ø C. "Esta es una energía que puede ser
aprovechada en la industria y en el turismo pero si la usamos
indiscriminadamente sin dar tiempo a que la Tierra la caliente, nos
quedamos sin nada".
La "sobornización" De la
privatización del agua (una vía sigilosa de control del recurso) en
los 90, el de Argentina fue un caso modelo. Obras Sanitarias de la Nación
era un empresa de 554 millones de dólares de ingreso anual que
funcionaba bien (el año anterior a ser privatizada había tenido
superávit). Sin embargo por presión del Banco Mundial se dio en concesión
por 30 años gratis.
El consorcio ganador prometió, a cambio,
ofrecer la menor tarifa y emprender un plan de inversiones y mejoras.
Aspiazu y Schorr enumeran algunas transgresiones casi escandalosas.
Las tarifas, por ejemplo, habían tenido cuatro aumentos antes de la
privatización (54% en 1991; 18% de IVA en 1992 y 8% en 1993). Y no
fue suficiente. Sólo 8 meses después de privatizada, Aguas Argentinas
pidió una "revisión extraordinaria" de tarifas. Resultado: a lo
largo de la concesión hubo un 54% de aumento y, considerando el deterioro
salarial, el "incremento real de la tarifa media ha sido de 187%",
dicen los autores mencionados.
Las inversiones y mejoras, como las plantas
de tratamientos de aguas servidas, casi no existieron. Aspiazu y
Schorr recurren al Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, para
explicar el fenómeno. "El Banco Mundial daba a los gobiernos un
plan de cuatro pasos. El Paso uno era la privatización o más
precisamente la sobornización. Los dirigentes locales, usando como
excusa "las exigencias del FMI", liquidaban alegramente sus
empresas de agua y electricidad. Podías ver cómo abrían los ojos por
una comisión del 10% pagada en cuentas suizas", dijo en una
entrevista con el periodista Greg Palast.
En el sitio del BM (www.worldbank.org) figura
cómo entre 1990 y 2002 hubo 276 préstamos por "suministros de
agua". En la tercera parte de ellos, el banco requirió la
privatización del sector antes de desembolsar los fondos
(www.icij.org).
En el caso argentino, tras la sugerencia, el
BM aprobó un préstamo de 300 millones de dólares: un tercio fue para
"la reforma o modernización" de ese sector. Pero, además
de acreedor, el BM se constituyó en socio del consorcio ganador
liderado por la francesa Suez. La Corporación
Financiera Internacional (brazo inversor financiero del BM) tiene un
5% de acciones. Finalmente, el
banco podría ser juez y parte ya que la empresa podría demandar al
Estado argentino y someter el caso al arbitraje internacional del
CIADI, donde el BM tiene fuerte injerencia.
Cargada de simbolismos a lo largo de toda
la historia, atada a lo más atávico de nuestra especie, el agua será
sin duda el bien más discutido de este siglo. Todavía estamos a
tiempo de no dilapidarla. * Suplemento Zona, Clarín, Buenos
Aires 3-8-03.